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jueves, 3 de febrero de 2011

Simulan operación de Atucha II para evaluar su seguridad

Priscila Fernández

(C) Comunicación científica UNL - El Litoral


¿Qué pasaría si todo lo que puede fallar, falla? Ésa es la consigna con la que un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet pone a prueba el diseño de la central nuclear Atucha II.
Los científicos realizan verificaciones por computadoras utilizando métodos de simulación. “Podemos ver cómo reaccionan los distintos sistemas de la central ante posibles fallas”, señaló Alberto Cardona, director del Centro Internacional de Métodos Computacionales en Ingeniería (Cimec) dependiente de la UNL y el Conicet.

La nueva central atómica está ubicada en la provincia de Buenos Aires, vecina de la original Atucha I que funciona desde 1974, y se encuentra en un avanzado estado de construcción. A pesar de eso, el diseño se sigue poniendo a prueba constantemente; ésa es la misión de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) que solicitó la asistencia de los expertos del Cimec. “Este tipo de estudios se hicieron durante el diseño, pero el objetivo es verificar y revisar lo realizado en cada uno de los detalles para minimizar todo riesgo de error”, comentó Cardona.

Mediante programas de computación los especialistas son capaces de representar el funcionamiento de la central y su desempeño ante distintos escenarios. “Están representados las distintas tuberías, válvulas, el reactor y todo lo que incluye una central. A partir de ahí se puede simular la evolución en el tiempo de cada uno de esos sistemas frente a cambios que pueden venir de distintos lugares”, detalló.

De esta forma las computadoras permiten predecir qué es lo que puede ocurrir en diferentes situaciones que “no son simples ni se pueden ensayar en la propia central”, recalcó.
Previsión

La seguridad es protagonista a la hora de planificar una central nuclear. Así, los sistemas pueden estar duplicados, triplicados y hasta cuadruplicados a fin de garantizar que haya un reemplazo automático en caso que algo no funcione. “Todos los sistemas críticos están diseñados de manera redundante”, resumió Cardona.

Al considerar que cada variable puede fallar, uno de los desafíos de los investigadores es imaginar todos los escenarios posibles para ensayarlos y verificar el sistema. “El mayor riesgo es que ocurran fallas que no hayan sido previstas”, afirmó.

“Se imaginan las situaciones más inverosímiles desde válvulas o equipos que dejan de funcionar inesperadamente hasta eventos externos como un sismo o la caída de un avión encima de la central. Todas esas situaciones están previstas”, contó Cardona.

En total son 15 los expertos del Cimec que trabajan en estas simulaciones y, cada uno desde su especialidad, asisten a la ARN. El trabajo se realiza en el marco de un convenio de colaboración y asistencia en una diversidad de tareas pero con un punto común: la seguridad.
La planta

Atucha II está ubicada sobre la margen derecha del río Paraná, en la localidad de Lima, Partido de Zárate, provincia de Buenos Aires, adyacente a la central nuclear Atucha I. Tendrá una potencia de 745 MWe que va a aportar 692 MW eléctricos netos al sistema interconectado nacional.

Mitos y verdades
El recuerdo del accidente de Chernobyl, las consecuencias de los rayos gamma -una radiación tóxica en grandes cantidades e invisible- y el enigma que representa para la gran mayoría de ciudadanos la generación de energía a partir de átomos de uranio hace que el debate social por la energía nuclear continúe vigente. Uno de los principales beneficios que acompañan a la producción de energía atómica es que es posible obtener grandes cantidades de energía a partir de pequeños volúmenes de masa. “El átomo de uranio, al separarse pierde una pequeña cantidad de masa. Es decir, se transforma en dos átomos más chicos pero que juntos son un poco menos que el original. Hay masa que se pierde porque se transforma en energía”, explicó Raúl Urteaga, físico docente e investigador de la UNL y el Conicet.

De la división (fisión) del átomo de uranio se libera energía de diferentes maneras. “La velocidad a la que salen disparados los neutrones transforma ese movimiento o energía cinética en calor y eso se aprovecha como en cualquier usina”, detalló.

Qué hacer con los desechos nucleares uno de los puntos más controvertidos de esta tecnología. “Al retirar el uranio del reactor, algunos átomos continúan inestables y pueden dividirse espontáneamente liberando radiación gamma”, contó Urteaga.

El tiempo que le toma a cada sustancia decaer -dejar de ser inestable- varía desde las horas hasta los miles de años, por lo que disponer de esos desechos no es sencillo por más que ya existan tecnologías para contener estas posibles radiaciones.

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